domingo, 3 de octubre de 2010

Querida Holly
No tengo mucho tiempo. No literalmente. Sino porque has salido a comprar helados y volverás pronto. Ésta será la última carta, y sólo me queda una cosa por decirte: Esta carta no es para que me recuerdes ni para que compres una lámpara, puedes cuidar de tí misma sin mi ayuda.
Es para decirte como me he sentido, como me has cambiado, me has convertido en un hombre queriendome, Holly, y por eso te estoy eternamente agradecido, literalmente.
Quiero que me prometas algo: Que nunca estarás triste o insegura o perderás por completo la fe, que tratarás de verte con mis ojos. Gracias por aceptar ser mi esposa, soy un hombre que no se arrepiente. Qué suerte he tenido. Tú has llenado mi vida, Holly, pero yo sólo soy un capítulo de la tuya.
Habrá más, te lo prometo.
Y ahora viene un gran consejo: No tengas miedo de volver a enamorarte, prepárate para esa señal que no habrá nada igual.

Posdata: Siempre te amaré.

No hay comentarios:

Publicar un comentario